Nuestra labor educativa está centrada en tres objetivos fundamentales, el primero es proveer una educación artística integral en el ámbito de la danza, la música y el teatro; el segundo es incentivar el cultivo y desarrollo de la sensibilidad estética; y el tercero es la creación y producción de espectáculos. Esto a su vez conlleva la organización y programación periódica de conciertos didácticos, charlas, talleres monográficos, etc. Todo con el fin de crear e incentivar un foro de diálogo, reflexión y debate sobre temas y aspectos de interés educativo, artístico, social y cultural.

Descripción del proyecto educativo:

Nuestro proyecto educativo está fundamentado en un entendimiento del hecho característico de la cultura europea de los últimos años, condicionada por el influjo arrasador de una mentalidad postmoderna, y un claro marchamo iconoclasta y nihilista. Mentalidad que ha sido puesta al servicio de la demolición de los fundamentos que proporcionaban cohesión, concordia, sensatez y estabilidad a la sociedad, siendo uno de esos fundamentos el ámbito educativo y más concretamente la enseñanza de las humanidades.

Creemos, por tanto, que ante la constatación de tal estado de cosas se hace cada vez más apremiante una vuelta a ese añejo  humanismo clásico que veía al ser humano como un ser personal cuya vida se caracterizaba por una innata condición trascendente que lo dignificaba.  Humanismo cuya cualidad definitoria albergaba en su fuero más interno la enorme herencia de la cultura griega, el espíritu y la moral cristiana y el preciado legado de Roma. Creemos que de la misma manera que en el siglo XV, tras  un largo proceso de degradación y decadencia, surge la modernidad volviendo la vista atrás y echando mano de la ennoblecedora triada antes mencionada; de esa misma manera, creemos que ha llegado el momento de recuperar y rescatar de las cenizas esos tesoros mancillados y demolidos en los últimos años.

Y para que esta noble labor pueda ser llevada a cabo estamos convencidos que es necesario volver a esa formación que otorgaba un lugar preeminente a las llamadas Artes Liberales, o mejor aún, a la paideia de raigambre y estirpe griegas, que implicaba la educación tanto en valores como en los saberes técnicos; el saber hacer y el saber ser como lo definían ellos. Aspecto cuyo propósito final era lograr la «areté», que significaba, nada más ni nada menos,  que una capacitación para pensar, para hablar y para obrar con éxito. Aristóteles lo describe de esta manera en su Política: “Una tarea, un arte o una ciencia deberán ser catalogados como vulgares si su única labor es la de hacer el cuerpo, el alma y la mente de los hombre libres inservibles para las labores y acciones de la virtud”. Y Platón hablaba del elevado propósito de la música cuya noble función era no sólo la de proveer  entretenimiento, sino la de “contribuir a la edificación de una armoniosa personalidad y apaciguar las pasiones humanas”. En otras palabras, se trata de una educación, una capacitación completa, integral, para la vida y no sólo para el ejercicio de una profesión determinada, como sucede en gran parte de la educación que se imparte en nuestros días, y que está dedicada a la formación no de  personas  sino de dóciles ciudadanos, o peor aún, empleados a la carta para las empresas.

Es, por tanto, y ha sido siempre nuestro objetivo en el desarrollo de este proyecto educativo, incentivar el cultivo de aquellas disciplinas del espíritu olvidadas y proscritas del ámbito educativo y cultural desde hace ya mucho tiempo. Espíritu que, como hemos mencionado antes y, aunque no sea políticamente correctamente decirlo, empieza a ser contundente y deliberadamente erradicado del horizonte del  hombre occidental con la llegada del nuevo humanismo, el del racionalismo del Siglo de las Luces. Situación que abona y prepara el camino para lo que vendrá después y que escritores como Ortega y Gasset, entre otros, dejara consignada, con claridad y contundencia, en su libro La Rebelión de las Masas en las siguientes palabras, que corroboran, en fecha muy temprana y de manera taxativa, la situación descrita anteriormente: “El hombre masa, es un hombre vaciado de su interioridad, sin pasado, sin historia y sin tradiciones, o sea un hombre sin ejemplaridad… Donde quiera ha surgido el hombre masa…es un tipo de hombre hecho de prisa, montado nada más que sobre unas cuantas y pobres abstracciones y que, por lo mismo, es idéntico de un cabo de Europa a otro. A él se debe el triste aspecto de asfixiante monotonía que va tomando la vida en todo el continente. Este hombre-masa es el hombre previamente vaciado de su propia historia, sin entrañas de pasado y por lo mismo, dócil a todas las disciplinas llamadas “internacionales”. Más que hombre es un caparazón de hombre construido con meros idola fori (prejuicios, conceptos erróneos); carece de un “dentro”, de una intimidad suya, inexorable e inalienable, de un yo que no se pueda revocar. De ahí que esté siempre en disponibilidad de fingir ser cualquier cosa. Tiene sólo apetitos, cree que tiene sólo derechos y no cree que tiene obligaciones: es el hombre sin la nobleza que obliga, sine nobilitate, un snob”.

Por tanto, estamos plenamente convencidos, y lo hemos constatado en los más de doce años que llevamos de trayectoria, que en una sociedad fragmentada, desnortada y alienada como la nuestra, la formación artística y todo lo relacionado con las humanidades, aparecen como una posible tabla de salvación que proporciona una valiosa aportación a la formación integral de la persona, y puede servir de orientación en medio de este presente caos.

Enfoque pedagógico:

Con lo cual, creemos que al llevar a cabo esta labor pedagógica es necesario tomar en cuenta el influjo cada vez más acuciante de algunos de los postulados de movimientos como el post-humanismo y el transhumanismo que han convertido al ser humano en nada más que un insignificante cúmulo de átomos y células, y ante el cual se sienten con plena libertad para hacer de él una máquina impersonal aunque sorprendentemente sofisticada. Situación que nos incentiva aún más, si cabe, a contribuir desde una perspectiva humanística, en el sentido más clásico del término, a reavivar esa visión holística y abarcadora del ser humano como persona con necesidades afectivas, intelectuales, físicas, estéticas, éticas y, por supuesto, espirituales.

En este contexto, nuestro enfoque pedagógico ha abarcado siempre tres aspectos fundamentales que resumimos de la siguiente manera. El primero es el entendimiento del ser humano como persona integral, que incluye toda una gama de realidades, posibilidades y potencialidades dentro de sí mismo. El segundo es la comprensión de la naturaleza del hecho creativo en sus más constitutivos aspectos, como son los artísticos, estéticos, técnicos y éticos. El tercer aspecto es el que queda esbozado en palabras esclarecedoras de Cennino Cennini en su Libro del Arte, justo en los albores del Renacimiento: “Para el arduo trabajo del arte hay que estar dotados de imaginación (fantasía), y destreza en las manos, para descubrir las cosas nunca vistas y escondidas bajo el oscuro manto de los objetos naturales, y poder evocarlas y plasmarlas con las manos y brindar así al ojo que contempla lo que antes ni siquiera parecía que existía”. Lo cual implica que la búsqueda y contemplación de la belleza así como la formación artística, son fundamentales en la vida del ser humano por contribuir primero a su desarrollo integral como persona; y porque, por otro lado, amplían su visión y conocimiento del mundo haciendo asequibles a la observación vislumbres de aquellos aspectos de la vida y la experiencia humana que yacen ocultos bajo los pliegues más materiales, científicos y cotidianos de la realidad circundante.

Por último, estos aspectos mencionados se sustentan en otros dos pilares fundamentales para el desarrollo de nuestro proyecto educativo, y que son a saber: la formación artística, por un lado, y la no menos importante formación estética, por otro. Esto es así porque la formación artística está relacionada con la enseñanza de las formas y técnicas necesarias para la modelación de la obra de arte; o sea, tiene que ver con todo lo relacionado con la adquisición de las destrezas técnicas necesarias para el desarrollo y práctica de una determinada disciplina artística. Mientras que la formación estética es más amplia y tiene como propósito aquilatar y afinar la sensibilidad para lo bello en cualquiera de sus formas y manifestaciones. El énfasis y la atención en este aspecto no se centran, por tanto, en la adquisición de las destrezas técnicas sino en el desarrollo de la sensibilidad estética y el cultivo de la personalidad del individuo. Esto involucra asuntos como el conocimiento de la naturaleza del hecho creativo, el entendimiento de cómo se desarrolla el proceso comunicativo de ese hecho creativo, el estudio de los diferentes movimientos artísticos en su contexto social y cultural, el conocimiento de los diferentes géneros y su razón de ser, el conocimiento de la historia, la literatura, la ética y la moral, etc. Y, por supuesto, la potenciación de aspectos como la capacidad de observación, la contemplación y el conocimiento y análisis de las obras maestras del arte universal.

Conclusión:

Estamos plenamente convencidos que este tipo de formación integral, además de capacitar al individuo en las disciplinas artísticas, contribuye también, de manera eficaz y clara, a su edificación y crecimiento personal y le proporciona criterios sólidos sobre los cuales poder adquirir y emitir juicios de valor sobre el arte, la sociedad, la cultura y la vida en general.

Héctor J. Ramírez Martínez.

Director.