¿Un debate sin argumento?

publicado en: El atrevido hablador | 0

Es una verdad de Perogrullo decir que lo que un debate necesita para poder desarrollarse con interés es un argumento. Pero por otro lado, también es importante decir que el argumento que sólo tiene como fundamento, el acoso y derribo del contrincante, el desprecio hacia todo lo que el otro haga por venir de él, la visceral alharaca que desdeña incluso lo bueno y positivo del oponente por  haber sido su logro, la táctica que sólo sabe agredir con las palabras y señalar con el dedo sin más; ese argumento, tan socorrido para políticos de toda laya, con casta o sin ella, de corta o lejana trayectoria; sobra decirlo, lo que precisamente no puede ser es un argumento. Pues le faltan para poder serlo, como parte fundamental, las ideas pero también la sintaxis fluida y cargada de sentido, el hábil dominio de la retórica, el sosegado aplomo y claridad de la exposición, la vehemencia que el énfasis demanda en momentos determinados, y por faltarle le faltan hasta las mismas palabras, esas que le puedan proporcionar expresión clara y contundente a la enjundia y sustancia de las ideas, en definitiva, le falta todo lo que puede hacer que sea precisamente eso, un verdadero argumento. En conclusión, nos da por pensar que los que a sabiendas de esto se enzarzan en tales cacareos vacios de contenido, que en la mayoría de los casos son personas o personajes de los que se espera un comportamiento ejemplar para el ciudadano de a pie, parecen haber perdido el sentido mismo de la responsabilidad, el decoro y los mismos escrúpulos tratando como auténticos estúpidos a los que se toman el trabajo de dedicarles una parte de su tiempo para escucharles.

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